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UN TRAMPOLÍN HACIA LA FORMACIÓN Y EL EMPLEO

El programa Hazilan ayudó el año pasado a más de 400 jóvenes cualificados, de los que el 57% encontró un puesto de trabajo

Un rayo de esperanza. Eso es lo que ofrece el programa Hazilan a miles de jóvenes vascos cada año hasta 2020. Impulsado por Garapen, la Asociación Vasca de Agencias de Desarrollo, cuenta con un presupuesto de seis millones de euros cofinanciados por el Fondo Social Europeo. Su objetivo es mejorar la inserción laboral de personas cualificadas de entre 20 y 44 años, y a su vez proporcionar a las empresas equipos humanos que les ayuden a desarrollar sus proyectos. Y es que pese a su alta cualificación, muchos de esos jóvenes carecen de las competencias y habilidades transversales que demandan las compañías.

El pasado año, fueron algo más de 400 las personas de entre 20 y 35 años –en 2017 la franja de edad se ha ampliado hasta los 44 años– que tomaron parte en la primera edición de Hazilan, repartidos por una veintena de agencias de desarrollo local. El 55% de los participantes eran mujeres porque, como subrayan desde Garapen, otro de los fines es “compensar su menor presencia en determinadas áreas y ámbitos laborales”.

La formación consta de dos fases. Una primera, denominada Aktibatu, en la que se fomenta la motivación, la responsabilidad, la capacidad para gestionar objetivos, la comunicación, etc. “A través de una metodología dinámica y proactiva basada en las nuevas herramientas de coaching y, sobre todo, en una atención adecuada a cada participante, se consigue que la persona se reactive en su búsqueda de empleo”, afirma Nerea Mintegi, orientadora laboral del Behargintza de Bermeo.

Posteriormente, cada agencia decide qué recurso elige para acercar a los jóvenes al mercado laboral. Cuentan con tres opciones: Lanekin, con el que se forman en una empresa durante unas 300 horas para cubrir un puesto de trabajo; Kokatu, consistente en prácticas de entre tres y seis meses, y Talentu Ihesa, donde se refuerza la capacidad profesional mediante la participación en proyectos empresariales relacionados con áreas como el comercio internacional, la innovación o las nuevas tecnologías.
 
“Una oportunidad interesante”
Ane Miren Aurre es uno de los 20 jóvenes –10 hombres y 10 mujeres– que tomaron parte en la primera edición de Hazilan en Bermeo. Ingeniera técnica en Telecomunicaciones, a sus 33 años llevaba varios meses en el paro cuando llegó a sus oídos este proyecto. No se lo pensó dos veces. “Me pareció una oportunidad muy interesante para entrar directamente en una empresa, ya que una parte del proyecto consistía en realizar prácticas”, expone.

Durante la fase formativa, aparte de adquirir competencias transversales como la iniciativa, el liderazgo y el trabajo en equipo, conoció a otros jóvenes “muy válidos en mi misma situación y conseguí ver el empleo y el paro desde otro punto de vista, con menos miedos a la hora de actuar”.

Tras concluir esa etapa, realizó las prácticas en Proinac, una empresa dedicada a realizar proyectos de ingeniería acústica, donde obtuvo un contrato indefinido. “Como es pequeña, hago todo tipo de tareas, desde presentar ofertas a nuevos clientes hasta la redacción de informes finales”, relata. Su experiencia positiva no le impide lamentar la peor suerte que han corrido otros compañeros. “Hay empresas interesadas en tener personal en prácticas pero no en contratarlos a posteri”, lamenta. Sin embargo, se muestra convencida de que “con la formación recibida seguro que tarde o temprano lo conseguirán”.

Desde el Behargintza de Bermeo, Nerea Mintegi confirma que no todas las empresas pueden ofrecer contratos a estos jóvenes, pero resalta que muchas de ellas han valorado que una parte importante de los participantes superara la treintena. “A esas edades han quemado muchos cartuchos y muestran un punto de madurez y responsabilidad, son más cumplidores”, alaba.

Gorka Goikoetxea es otro joven afortunado que ha encontrado un empleo gracias a este proyecto. En su currículum destaca el Grado en Ingeniería en Tecnología Industrial, pero con 31 años se econtraba parado. “En la parte de Aktibatu trabajamos temas y aspectos que en mi caso no traté en la carrera. Además, al participar junto con gente con estudios diferentes y experiencias personales tan diversas hace que puedas detectar más fácilmente tus puntos fuertes y débiles. De este modo, puedes intentar trabajar en estos últimos, a la vez que te reafirmas en tus fortalezas”, detalla. Y es que en este primer grupo había perfiles muy dispares, desde ingenieros hasta psicólogos o filósofos. “Ese ha sido uno de los aspectos que más han valorado los propios participantes. Cada uno ha aportado una visión diferente del otro y todos han aprendido de los demás”, expone Mintegi.

En el mes de mayo, Gorka comenzó a trabajar en Gestamp Tool Hardening y en noviembre, antes de que finalizara el periodo de prácticas, le hicieron un contrato a jornada completa. “Desempeño las funciones de ingeniero de procesos, intentando optimizar diferentes departamentos de la planta”, explica.

De las 20 personas que completaron la fase formativa, 16 pasaron a la parte de prácticas en empresa (Kokatu). Finalmente, son 12 las que están trabajando. “El resto han retomado su formación”, informa la representante del Behargintza. “Al intentar encontrar su hueco en el mercado de trabajo, se han analizado los puestos de referencia y algunos se han dado cuenta de la necesidad de reciclarse o formarse para poder tener posibilidades reales de empleo“, añade.

Para Mintegi, que acaba de iniciar una nueva edición de este programa, la mayor virtud de Hazilan es que consigue que “los jóvenes se vean de nuevo con ganas de incorporarse al mercado laboral y den valor a su alta cualificación. Se trata de que apuesten por ellos mismos”.